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El día después de su nombramiento como secretario de Estado, el Premio Nobel de la paz de 1972, Henry Kissinger, dio una rueda de prensa en la que, para romper el hielo, un periodista le preguntó: "¿Cómo prefiere que le llamemos: señor o don?". "No hay que ser estrictos con el protocolo -respondió Kissinger- simplemente, llámeme excelencia".

Sabido es que Eugenia de Montijo (1826-1920) poseía un bello rostro, pero un busto no demasiado agraciado y que su rival en los amores de Napoleón III era la condesa de Castiglione, feúcha de cara pero con una delantera inmejorable. Cierto día, ambas coincidieron en un baile de la corte y Eugenia no pudo evitar criticarle el excesivo escote de su vestimenta. "Majestad -dijo ella-, cada uno exhibe su cara allá donde la tiene".

En una entrevista que le hicieron a Tristán Bernard le preguntaron: "Si se estuviera incendiando el museo de Louvre y usted sólo pudiera salvar un cuadro, ¿cuál escogería?". Directo y sin rodeos, el novelista (1866-1947) admitió: "El que estuviera más cerca de la salida".

Ha habido muchos secuestros a lo largo de la historia pero uno de los más curiosos se dio en la ciudad alemana de Dortmund, donde un jugador empedernido tuvo que recurrir a la policía para que le ayudaran a recuperar ¡su dentadura postiza! Al parecer, se la había retenido un acreedor hasta que cubriese la deuda que tenía con él: un total de 150 euros.

Cuando la reina Victoria estaba a punto de morir, un amigo de la Casa Real le comentó a su afligido hijo, Eduardo VII: "Debemos consolarnos pensando que su Majestad será más feliz en el cielo". "No estoy seguro -dijo Eduardo-, porque en el cielo tendrá que ir detrás de los ángeles. Y ella no acepta dejarle su sitio a nadie".

Existe una fobia a las mujeres guapas denominada caligynefobia y es uno de los 537 miedos patológicos conocidos.

El norteamericano Earle Dickson estaba harto de ver a su mujer, que se cortaba muy a menudo en la cocina, con aparatosos vendajes que, para colmo, se desprendían con facilidad. Así que decidió buscar una solución: fijó unas gasas en el centro de tiras adhesivas y las enrolló de manera que sólo se pegaran por un lado, para que su mujer pudiera desenrollarlas y cortarlas fácilmente. Así nacieron las tiritas en 1917, aunque no llegaron a España hasta 1954, cuando el empresario barcelonés Gerard Coll las "importó" de EEUU.

Para no tener niños pelirrojos, las mujeres medievales evitaban tener orgasmos durante la menstruacción.

El término imbécil, del latín "imbecillis", proviene de "im" (con) "baculus" (bastón). Es decir, que originariamente se usaba para denominar a las personas que caminaban con bastón, débiles físicamente. Por mala asociación, su sentido fue deslizándose hacia alguien apocado, pusilánime o cobarde, hasta derivar en el insulto que es hoy día."

En los relatos del "padre" del conocidísimo Perry Mason, el escritor Erle Gardner, los malos sólo caían cuando quedaba una última bala en el arma. "Tus héroes -bromeaba un amigo- tienen muy mala puntería". "Mala puntería no -respondió el escritor-. Cada bang bang que escribo son dos palabras por las que me pagan seis centavos. No querrás que acabe la batalla cuando aún tengo 15 centavos de munición en mi fusil".  

 

 

 

 

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