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Ya en Egipto y en la
antigua Grecia existían
juegos similares al
badminton, aunque el
origen más directo de
este deporte se remonta
al "poona", practicado
en la India desde el
siglo XVIII. Cuentan
que, ya en 1873, un
grupo de oficiales
británicos destinados a
ese país acudieron a una
fiesta en el palacio de
Badminton y jugaron un
partido con raquetas
infantiles y un tapón de
corcho adornado con
plumas. De ahí, al
badminton actual, que
nació oficialmente en
1887.

La diva Sarah Bernhandt
solía dormir en un ataúd
forrado en raso. Cuentan
que fue regalo de uno de
sus amantes, al que le
encantaba hacer el amor
dentro.

Luis XIV estaba empeñado
en ser el mejor de los
poetas, el monarca leyó
sus últimos versos al
gran Boileau y le pidió
su opinión. "Señor
-respondió él
cortesmente-, para
Vuestra Majestad no hay
nada imposible. Os
habéis propuesto
escribir malos versos y
lo habéis conseguido"
¿Habría mejor forma de
salir de tal aprieto?

En Inglaterra, los
primeros condones se
vendían en paquetes con
el retrato de la reina
Victoria, madre de nueve
hijos.

Mozart murió justo en el
instante en que sonaba
la última campanada de
la medianoche.

A diferencia del
cuchillo, que tiene más
de mil años, la cuchara
es un utensilio
relativamente nuevo. Los
primeros en utilizarla
generalizadamente fueron
los griegos y los
romanos, que usaban
cucharas de boca ancha
con un mango puntiagudo
con el que trinchaban y
pinchaban la carne (era
una
cuchara-tenedor-cuchillo).
En tiempos de Cervantes,
la gente del campo las
hacía de pan y comía con
ellas el plato caliente.
Así, terminada la
comida... se comían la
cuchara. Otra
curiosidad: hace sólo
200 años, los invitados
llevaban consigo sus
propios cubiertos.

Por una necesidad de
adaptación condicionada
al factor climático es
por lo que los
orientales tienen los
ojos rasgados. Viven en
zonas extremadamente
luminosas y los párpados
rasgados protegen su
sistema visual del
exceso de claridad.

Los arqueólogos estiman
que, en el siglo IX, un
viajero en tierras galas
podía toparse con un
castillo ¡cada 10 Km.!

El sombrero de copa lo
inventó en 1797 el
mercero inglés John
Ethenington y enseguida
llamó la atención. El
"Times" de Londres se
hizo eco de tan
particular prenda "negra
y alta como una
chimenea" y, horas
después, la gente hacía
cola a la puerta de su
establecimiento
esperando ver tan
extravagante sombrero.
Hubo tumultos,
atropellos, y al señor
Ethenington le acusaron
de escándalo público y
le detuvieron por llevar
tal "artefacto" en la
cabeza. Un mes más
tarde, Ethenington no
daba a basto para cubrir
los pedidos.

En cierta ocasión,
alguien le preguntó a la
veterana actriz Zsa Zsa
Gabor cómo recordaba el
nombre de tantas
personas como había
conocido durante su
estancia en Hollywood.
"No recuerdo jamás los
nombres de nadir
-respondió ella,
riendo-. ¿Cómo crees que
empecé a decirle a todo
el mundo cariño?"
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