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El vocablo más difícil
de traducir del mundo es
"ilunga", un término
africano que significa
"aquel que está
dispuesto a perdonar una
vez, e, incluso, dos,
pero nunca una tercera".

En su juventud, Hitler se ganaba la vida pintando tarjetas con
acuarela para venderlas
a los turistas.

Fleming escribió en su
diario:"Yo no descubrí
la penicilina, me topé
con ella". Cuentan que,
por descuido, dejó
durante sus vacaciones
unos cultivos de
bacterias que, a su
vuelta, tenían un
extraño moho que impedía
crecer a las bacterias.
Un descubrimiento que,
75 años después, ha
salvado millares de
vidas.

Un orgulloso padre de la
provincia de China de
Henan se llevó un buen
disgusto porque el
registro civil no le
permitió inscribir a su
hijo con el nombre de
"@". Lo curioso es que
no se han negado porque
sea un nombre ridículo,
sino porque el símbolo
carece de grafía china.

En el siglo X, el gran cirujano árabe Abulcassis ya utilizaba
tripa de gato para coser
tras una operación,
aunque no comenzó a
emplearse de forma
habitual hasta 1920.
Treinta años más tarde
se inventó el hilo de
tergal.

El perro y el gato proceden de un mismo ancestro, los Miácidos,
es decir, los primeros
carnívoros que vivieron
hace 65 millones de años
y dieron origen a dos
líneas evolutivas: la
Feloidea, de la que
descienden los gatos, y
la Canoidea, que dio
origen a los canes. Los
perros son más
veteranos, ya que
sabemos de ellos desde
hace 15.000 años. De los
gatos, sólo hace 9.000.

El invento del plumero
tiene a sus espaldas un
grave conflicto conyugal
que comenzó cuando la
joven estadounidense
Susan Hibbard tuvo la
ocurrencia de no tirar
las plumas de los pavos
que cocinaba y formar
con ellas un ramillete
con el que quitaba
rápidamente el polvo de
los muebles. Lo curioso
es que quien solicitó la
patente del plumero fue
su marido, por lo que
Susan se separó e inició
un duro proceso
judicial. Por fin, en
1876, el plumero quedó
registrado como idea de
Susan.

La errata más cara de la
historia la cometió la
Casa de la Moneda
estadounidense al
imprimir unas nuevas
monedas. En lugar de la
leyenda "In God we trust"
(Creemos en Dios), los
americanos estuvieron a
punto de llevar un texto
bastante más material en
su calderilla: "In gold
we trust" (Creemos en el
oro). Una sola letra
provocó un error tan
mayúsculo que tuvieron
que recogerse y
destruirse todos los
miles de dólares
impresos.

Cuando Miguel Ángel pintaba la Capilla Sixtina, acudió a
visitarle Pablo III con
un miembro de la Curia
llamado Biagio de Cesena.
El tal Cesena fue muy
crítico con la profusión
de desnudos y Miguel
Ángel decidió vengarse
retratándolo entre las
llamas del Infierno.
Cuando Biagio se quejó
al Papa, éste le dijo:
"Si te hubiera pintado
en el Purgatorio, quizá
hubiera podido salvarte,
pero estás en el
Infierno y allí yo ya no
puedo intervenir".

Mark Twain era un
fumador empedernido.
Cuentan que un día que
sus colegas intentaban
convencerle de que
dejara el tabaco, les
contestó, sin soltar su
habano: "¿De qué os
quejáis? Dejar de fumar
es facilísimo. Yo lo
hago muchas veces al
día". Y siguió con su
cigarro.
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