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Pedro
y
Javier
rompieron
el
miércoles.
Hacía
tiempo
que
las
cosas
no
andaban
bien.
Prefirieron
separarse
antes
de
que
se
pudrieran
del
todo.
Los
dos
hicieron
a
la
vez
el
mismo
adocenado
comentario:
-Fue
muy
bonito
mientras
duró.
Pedro
tenía
treinta
y
seis
años
y
era
activo;
Javier,
algunos
menos,
y
era
pasivo.
Se
conocieron,
casi
un
año
atrás,
por
los
contactos
de
una
publicación.
En
una
cosa
estuvieron
ahora
de
acuerdo:
cada
uno
de
ellos
había
decidido
no
emprender
una
nueva
relación.
Lo
que
acababa
de
existir
entre
los
dos
había
sido
tan,
pero
tan
importante...
Aún
soltaban
alguna
lágrima
rememorando
sus
entrevistas
del
principio,
en
uno
u
otro
pueblo
de
la
Sierra,
un
par
de
veces
por
semana.
El
domingo,
a
la
hora
del
desayuno,
los
dos
buscaron
en
el
diario
las
páginas
del
Buzón
de
amigos
y
la
sección
Chico
busca
chico.
En
ella
había
dos
peticiones
seguidas.
La
primera:
«Activo
de
36
años
busca
chico,
entre
18
y
29,
en
la
provincia
de
Huelva
o
en
Sevilla
capital.
Número
buzón:
158571».
Inmediatamente
debajo,
la
otra:
«Chico
joven,
pasivo
y
de
la
Sierra
de
Huelva,
busca
hombres
activos
de
alrededor
de
30
años.
Número
buzón:
187744».
Pedro
y
Javier,
cada
uno
en
su
casa,
sonrieron
con
una
tristeza
muy
semejante.
-Hay
que
ver
lo
que
hace
el
roce.
Hasta
para
romper.
Eso
pensaron
los
dos,
mientras
rastreaban
absortos
el
resto
de
las
propuestas.
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