Atardeció
sin ti. De los cipreses
a
las torres, sin ti me estremecía.
Qué
desgana esperar un nuevo día
sin
que me abraces y sin que me beses.

A
fuerza de tropiezos y reveses
la
piel de la esperanza se me enfría.
Qué
agonía ocultarte mi agonía,
y
qué resurrección si me entendieses.

Atardeció
sin ti. Seguro y lento,
el
sol se derrumbó, limón maduro,
y a
solas recibí su último aliento.

Quién
me viera caer, lento y seguro,
sin
más calor ni más resurgimiento,
gris
el alma y frustrada entre lo oscuro.